CAZA DE BRUJAS y CIRUGÍA ESTÉTICA

caza de brujasTras una temporada de intenso trabajo y no menos lío, me decido a ver con mi mujer una película, “Las Brujas de Eastwick”. Vaya, vaya… ¿Os habéis fijado qué mal “envejecen” algunas actrices si las comparamos con otras? Directamente: ¿qué tiene que ver cómo lo han hecho Cher o Pfeiffer a cómo lo han hecho Meg Ryan o Melanie Griffith? La madurez vista tras los retoques de un buen cirujano… se ve distinta. Y muy “distinta” si el cirujano no es tan bueno… y, aunque la película no va estrictamente de eso, no puedo evitar pensar que en mi mundo profesional… hay una “caza de brujas”, un macartismo de nuevo cuño en pleno apogeo. O sea, que un ratito de ocio me ha devuelto irremediablemente a mis pensamientos…

Actúo como ADMINISTRADOR CONCURSAL. Lo escribo en mayúsculas, como si gritara, para que tengáis claro que me siento orgulloso de ello. Mi actividad está siendo manifiestamente atacada por varias vías, y por distintos intereses. Y mi colectivo tiende a ser lo más discreto posible. Esa discreción, ese silencio, no puede asimilarse a un otorgamiento, aunque alguien lo pudiera pensar, el refrán de “Quien calla, otorga” no es en este caso aplicable. Posiblemente será, por qué no disponemos de una sola voz, ni de un buen altavoz para expresarnos. La voluntad del primigenio texto legal de no buscar la exclusividad de dedicación, sino una especialización, ralentiza el desarrollo hacia una verdadera profesión, estructurada con parámetros generales de derecho público, con su estatuto jurídico, y las precisas coordenadas de derecho privado y asociacionista. La complejidad del imprescindible trasvase desde profesiones del entorno de la abogacía y del entorno de la economía es elevadísima y no exenta de suspicacias, actuales y deducidas de antiguos procesos no tan lejanos. Con lo que no es sencillo, por el momento, encontrar una única y potente voz.

¿Y por qué estamos siendo atacados? En mi opinión personal, muchos y variopintos son los motivos. Nadie puede dudar de que en mi profesión existen malas hierbas y que su presencia daña una cosecha poco madura, que empezó su andadura hace poco más de diez años y que hemos tenido que ofrecer nuestra profesionalidad en un momento histórico de espectacular crisis. ¿Pero estas malas hierbas… son más, peores y más dañinas que las que nacen entre los políticos? ¿O entre los empresarios? ¿O entre grandes consultoras? ¿O entre auditores? ¿O entre abogados? ¿O entre altos directivos? Yo lo dudo mucho, y para muestra no hay más que pensar en hechos ocurridos en tiempos recientes: los EREs, Pescanova, Bárcenas, Gowex…. Y de la misma manera pienso en relación a los Jueces de lo Mercantil. ¿Todos son tan poco honestos como últimamente la prensa y los medios audiovisuales nos pretenden hacer ver? Ni por asomo!

La más amplia mayoría de los que hemos estado tratando los procesos de insolvencia de esta última época, nos hemos esforzado en aplicar una legislación nueva de la mejor manera, con pocos medios y con mucha voluntad de aportar algo de nuestro tiempo y conocimiento. Lo cierto es que hace diez años el status quo se alteró y todos los agentes vieron como sus intereses se veían trastocados. Los antiguos síndicos y comisarios desaparecieron, pero nacimos nosotros. Los asesores históricos, grandes consultores, auditores de todo tamaño y empresarios de toda condición, tuvieron que adaptarse no sólo a lo que se les avecinaba sino a un cambio de entorno legislativo profundo que generaba muchas incertidumbres. Y el tiempo transcurría… y la crisis se endurecía para todos… y la Ley Concursal fue sometida a los primeros retoques… “estéticos”… “Que si te va a quedar mejor un retoquito aquí, que si uno allí”…

Primeros Reales Decretos, primeros retoques. Al cabo de unos cuantos, una Reforma en toda regla. Intervención quirúrgica de mayor envergadura… Y después, más Reales Decretos… y Hala!! otra Ley… Y cómo va quedando? Pues unos piensan que mejor, otros que peor, pues a cada retoque, un grupo de interés se ve beneficiado, y quizás otro no… con lo que no está a gusto de todos nunca y se inicia otro proceso para el nuevo retoque… Pero… ¿por qué una caza de brujas orientada a sólo uno de los operadores? ¿No será que se trata más bien de una caza de unas brujas llevada a cabo por otras “brujas”, obviamente más cercanas al cirujano que las otras, para restablecer un status quo en manos de unos pocos? No sé, no sé…

Vuelvo a los retoques. En lo que a mi profesión se refiere, los retoques se han centrado básicamente en dar entrada y libertad a las grandes corporaciones que estaban y están interesadas en ejercer la profesión. Que siendo grandes, pues saben y pueden promover retoques. Y que por ser grandes, pueden influenciar para hacer que esos retoques lo sean a su gusto. Poco tengo que decir a ello. Si son grandes, lo son por algo. El sol sale para todos cada día, con lo que si ellos pueden, yo también lo intentaré.

Pero ahora los retoques parecen ser más serios. Nuestras malas hierbas tienen más presencia mediática que los que intentamos hacerlo como es debido y por tanto, intentan retocarnos en base a esa imagen. Y no es malo en todo aquello que nos sirva para erradicarlas. Pero sólo para eso. No hagamos que el retoque sirva para beneficiar otros intereses:

Veamos algunos de los retoques:

– ¿Qué no existe control sobre nuestra profesionalidad? Podríamos decir que no está homogeneizado, y esa falta de homogeneidad lo desvirtúa, es cierto. Con lo que proponer un Registro es un retoque perfecto.

– ¿Qué para acceder al Registro es necesario validar unas características curriculares y posiblemente, un examen? Pues claro, démosle de una vez a la administración concursal la categoría que se merece. Otro buen retoque.

– ¿Qué los nombramientos no pueden quedar al libre albedrío de los jueces de lo mercantil? (otros damnificados de las presiones actuales…insisto en que su muestra poblacional no es esencialmente distinta de la de administradores concursales, políticos, empresarios o asesores… ni mejor ni peor!) Pues, digámoslo, este es un mal retoque por precipitado quizás no lo sea en un futuro, pero antes de poner el carro deberemos tener los bueyes. Antes debemos conseguir depurar nuestra lista a base de que los que formemos parte de ella estemos debidamente formados y con capacitación acreditada. Si no permitimos que durante un periodo transitorio debidamente diseñado mantener la confianza en que designen, trasladaremos parte de la depuración de la lista actual a los Juzgados, con lo que la confianza de los agentes en el proceso concursal decrecerá todavía más, por el riesgo de que en el nombramiento por sorteo o secuencial pueda caer el cargo en un pésimo profesional o sin experiencia adecuada. O sea que, para llegar a implantar este retoque es preciso un buen preoperatorio. Cuando la lista esté depurada, dará igual a quien designen, con lo que perfectamente será válido el sorteo secuencial.

– ¿Qué debemos modificar el arancel de honorarios? Pues claro, sólo faltaría que tuviéramos que seguir estando obligados a desempeñar un trabajo profesional e impedidos a cobrarlo… Es un buen retoque. Y si además se quiere ajustarlo, pues mejor. Pero no nos dejemos cegar por las opiniones de quienes conociendo de antemano los costes de la administración concursal y pudiéndolos prever… los critican mientras ellos siguen en un libre mercado. Para conocer cuál es la carga real de trabajo en los concursos, ¿sería mucho pedir que se escuche a quienes la conocemos?, y, una vez oídos, se diseñe un arancel adecuado a ella. Proponer un arancel máximo atraerá a las grandes insolvencias europeas, pues el coste para ellas será relativamente inferior. Los asesores, encantados, pero si el administrador concursal no puede cubrir sus costes estará abriendo la puerta a un mal ejercicio profesional con perores consecuencias. Y ¡olvidemos la idea de que se genere un fondo de seguridad de nuestros propios aranceles! Sólo funciona si el crecimiento del fondo es sostenido, con lo que, llegando ahora a una etapa en la cual descenderá el volumen y número de las insolvencias…¡Se arruinará con toda probabilidad¡

– ¿Qué debemos pensar en concursos de tres tamaños para definir el proceso? Pues es un retoque que no tengo nada claro… Pues… a no ser que se beneficie a los pequeños respecto a los grandes… Si al final la lista está formada por buenos profesionales con determinadas estructuras, ¿para qué discriminar por tamaño? A no ser claro que lo que se pretenda es que sólo determinados grandes asesores puedan acceder a los grandes concursos…con lo que me resultará un mal retoque, pues carecen de la independencia esencial que nuestra profesión requiere… Es necesaria la construcción de un mercado realmente competitivo, como exige cada vez con más contundencia la Unión Europea. El mundo de las insolvencias es una pieza esencial del sistema, al margen de su importancia económica relativa.

– ¿Y los demás retoques? Pues ya opinarán a los que les interese. A mí, por poner un ejemplo, como administrador concursal me da lo mismo si los acuerdos de refinanciación se pueden aplicar o no tras un posible fallido en el convenio que asuste a la maltrecha banca española. O si debe culpabilizarse a un socio disidente…Los retoques que hagan, me los estudiaré y aplicaré como mejor sepa y entienda. Sin más.

Pero… ¿estos retoques, son definitivos? La Ley tiende a remitir a un Reglamento de posterior desarrollo. Es evidente que se precisa de una norma de este rango tanto para no atascar el desarrollo legislativo como para tener cintura posterior. También es peligroso, no podemos olvidar la frase atribuida a Romanones “hagan ustedes las leyes que ya haré yo los reglamentos”. El Reglamento puede aún afear más estos retoques si no somos capaces de definirlo con mayor detalle en la Ley. Hemos de conseguir que el poder legislativo reciba buenas ideas y mejores consejos para no seguir dando bandazos reforma tras reforma. Carece de sentido y genera inseguridad. No puede ser que tras más de 80 años de vigencia de la Ley Concursal se reforme en profundidad en 2003 y que desde entonces sean más de 15 las alteraciones a su cuerpo… Algo no encaja.

No hemos dejado madurar por si sola a la Ley Concursal que nació en el 2003. Se convirtió en una estrella y como tal está sucumbiendo al culto, a la imagen perfecta que nuestra sociedad exige. Ya lleva unos cuantos retoques. Y parece que no hemos acabado. Consigamos entre todos que no se convierta en un monstruo. Puestos a retocar, no metamos la pata. Dejo a su imaginación la imagen que quieran, aunque podría sugerirles que busquen en la red “grandes desastres de la cirugía estética” e intenten conciliar luego el sueño.

Los administradores concursales debemos ser oídos, de la misma manera que lo son los Jueces, las grandes corporaciones, los grandes despachos y los grandes empresarios.

Y resolvamos lo que debamos resolver. Consigamos arrancar de una vez por todas las malas hierbas, de cuajo!!. Hay medios para ello. Hagamos desaparecer la sensación de podredumbre en nuestro ámbito y consigamos ser una profesión de prestigio y reputación. Cerremos ya ésta caza de brujas.

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